Por los que acaban de nacer

.Era el año 2007. Tenía que tomar la decisión de impulsar una batalla en el seno de mi partido o simplemente quedarme mirando pasar el tiempo y opté, siguiendo la cultura que siempre he entendido en el seno del socialismo real, por dar un paso hacia la sensatez y arriesgar. Es el año 2012. Y no me arrepiento de seguir pensando y actuando de la misma manera.

La política no puede ser el reino de los mediocres y mucho menos, desde la izquierda y en defensa de los trabajadores, un espacio que ocupen profesionales, políticos de diseño o simuladores que, levantado la bandera de la revolución del proletariado, jamás hayan trabajado en su vida.

El noble ejercicio de la política debería estar destinado a aquellos que por vocación sientan en lo más profundo de su corazón su dedicación a la cosa pública. Estrechar la relación entre representante y representado no es para quien está en política por vocación un esfuerzo. Al contrario, es una obligación, un deber.

Si en los tiempos que corren la transparencia en la gestión pública hubiera sido una bandera, un punto de encuentro, un espacio participativo que hiciera evolucionar al votante cuatrianual en un ciudadano interesado y comprometido en sus asuntos diarios, quizás el valor de la Democracia no hubiera sido victima de ningún precio despreciable desde la indecente demagogia y el mas fiero de los populismos.

Lamentablemente, en las ultimas décadas nuestro país ha estado inmerso en una catarsis donde el liderazgo político de los mejores ha sido suplantado por la gestión cortoplacista de dirigentes útiles sometidos al adanismo y al egocentrismo como único sistema de control de sus propias estructuras y, lejos de servir a los ciudadanos, se han servido de ellos para elevarse a los cielos mientras todos caíamos en el infierno.

Y ahora, viviendo en él, empezamos a echar la vista atrás y hacer balance de lo que tuvimos, de lo que tenemos y cuando menos, añoramos la visión de aquellos políticos que supieron superar sus visiones particulares, sus cuatro años, para dedicar su vida en construir una sociedad generosa, en paz, capaz de crear grandes clases medias solidarias y clases bajas bien protegidas. Hoy nos preguntamos con nostalgia que será de ellos…

Hoy aquellos cimientos hacen agua y los edificios construidos están desmoronándose por culpa de una entelequia mercantil, los espíritus del egoísmo, los espectros del liberalismo feroz. La realidad es que la falta de talla política, la falta de nivel de algunos cutres aspirantes a “estadistas de pastel”, están dejando en evidencia la fragilidad de un sistema que bien merece defender como mal menor, frente al radicalismo, el sectarismo y “los ultras”. Ese virus que incluso en el seno de partidos históricamente anclados contraponen con la indecencia intelectual de “estar a la contra” de todo para ganar nada, sencillamente nada, a lo sumo, fomentar deslealmente desgastes innecesarios para abrir paso a esos nuevos partidos de laboratorio que esperan al acecho que todo se desmorone.

Creo que la sociedad española hoy más que nunca necesita una auténtica regeneración de la política que en mi humilde opinión, pasa necesariamente por acercarla a la ciudadanía y acabar con los políticos que solo leen párrafos que escriben otros, por entonar discursos que jamás su voz emitiría o por incidir con gestos la realidad que tan solo su espejo conoce cada mañana al intentar simular carácter, contundencia, decisión ocultando mediocridad, duda o sinrazón.

España debe abandonar cuanto antes la paranoia colectiva y volver a impulsar una nueva forma de hacer política. Un nuevo momento para la política real se abre paso.

Tengo la confianza de que la política de diseño, virtual, de plástico, ya a nada ni a nadie sea capaz de convencer; ha llegado del momento de la verdad para nuestro país. Altura de miras y pensar en las próximas generaciones debe ser el reto a superar y quizás ni tan siquiera para nosotros, sino para los que tal día como hoy acaban de nacer.

José Cepeda
Diputado de la Asamblea de Madrid
Presidente de la Fundación Trece Rosas

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